
Fútbol e identidades
Cuatro investigadores en ciencias humanas —Christian Bromberger, Abderrahim Bourkia, Sébastien Louis y Ljiljana Zeljkovic—, a veces acompañados por un conservador —Florent Molle— y de fotógrafos —Giovanni Ambrosio e Yves Inchiermann—, han recopilado más de 400 objetos, unas 3000 fotografías y más de 6 horas de grabaciones de vídeo. Los objetos y las fotografías recopilados deben, a su vuelta del terreno y tras su estudio, presentarse ante las comisiones de adquisición del Mucem para decidir si se incorporan o no a las colecciones públicas y se ponen a disposición del público.

El fútbol, un reflejo de nuestras sociedades actuales
El fútbol es más que un juego. Es a la vez el deporte más popular del mundo, un espectáculo, una economía globalizada y un reflejo bastante fiel de las sociedades contemporáneas en las que se desarrolla. Por eso, era casi natural que el Mucem, como museo de la sociedad, se interesara por este fenómeno sociológico. Ya en 2014 se puso en marcha una investigación etnográfica sobre las identidades sociales que se manifiestan durante los partidos de fútbol, sobre todo a través del estudio de los «derbis», esos partidos en los que se enfrentan dos clubes de una misma ciudad (en Argel, Mostar, Casablanca, Túnez, Estambul o Jerusalén). Después, nuestro interés se centró más concretamente en el movimiento «Ultras», una subcultura juvenil presente en toda Europa y en el Mediterráneo (con investigaciones realizadas en Italia, España, Argelia, Marruecos, Túnez, Israel, Cisjordania y en Francia, en Marsella).
Este programa de investigación, dedicado al estudio de las prácticas contemporáneas del aficionatismo, complementa un trabajo de ampliación de las colecciones llevado a cabo en el mercado del arte y entre coleccionistas privados, con el fin de documentar de forma más exhaustiva la historia del fútbol mediterráneo. Así, desde 2015, el Mucem ha adquirido el cartel oficial del partido inaugural del Mundial de 1930 entre Francia y México, varias camisetas de grandes jugadores (Alfredo di Stefano, Michel Platini, Diego Maradona, Zinédine Zidane, Cristiano Ronaldo) y objetos relacionados con la afición marsellesa.
Todas estas investigaciones y adquisiciones han servido de base para el tema y el recorrido de la exposición «Nous sommes Foot», que el Mucem presenta del 11 de octubre de 2017 al 12 de febrero de 2018, como colofón al evento «Marsella, capital europea del deporte».

Durante las investigaciones, se recogieron artículos de marketing distribuidos por los clubes, ropa (camisetas, bufandas, pañuelos, insignias) u objetos de los aficionados (banderines, banderas, pegatinas), así como archivos y objetos creados y utilizados por los grupos ultras (pancartas, carnés de socio, fanzines, periódicos, DVD, entradas para los partidos).
Todas las recopilaciones de objetos se complementan con entrevistas grabadas o filmadas, informes y fichas detalladas que el Mucem guarda en sus archivos y que pone a disposición de todo el mundo en el centro de documentación del Centro de Conservación y Recursos (CCR), situado en el barrio de la Belle-de-Mai, en Marsella.
Aquí queremos mostrarte, a través de dos ejemplos concretos, el interés que tienen las encuestas y recopilaciones del programa «Fútbol e identidades» para un museo social como el Mucem.
El nacimiento y la expansión del movimiento «Ultras» en Italia: el ejemplo de Génova y Latina
Investigadores: Sébastien Louis y Florent Molle
Fechas: noviembre de 2014 y febrero de 2016

Los aficionados invaden los estadios de fútbol
El fútbol llegó a Italia ya en 1880 de la mano de marineros británicos que practicaban este deporte en los puertos en los que hacían escala. Ya en 1891, Eduardo Bosio, un comerciante italiano especializado en la industria textil en Gran Bretaña, fundó el Internazionale Foot-Ball Club Torino al volver a instalarse en su Turín natal. Sin embargo, no fue hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando la práctica de este deporte se extendió de verdad por la península, impulsada por el desarrollo económico y el aumento del tiempo libre. El «tifoso», que literalmente significa «el que tiene tifus», invadió los estadios de fútbol. A principios del siglo XX, el tifus seguía siendo una enfermedad muy extendida, cuyos síntomas se asemejan al comportamiento del aficionado apasionado: un estado cíclico de fiebre, dolores de cabeza, aturdimiento y estupor. Por extensión, el término «tifo» se refiere a todo el ambiente del estadio y la «tifoseria», al conjunto de seguidores de un mismo equipo.

En aquella época, a veces bajo la presión de los poderes políticos, los distintos clubes pequeños de las ciudades unían fuerzas y se agrupaban en torno a una misma identidad local. En las grandes ciudades, como Roma, Turín o Milán, dos equipos se reparten el apoyo de dos facciones de aficionados rivales, lo que dio lugar a los derbis en la península.
En Génova, en 1946, la Società Ginnastica Comunale de Sampierdarena, fundada en 1899, se fusionó con la Società Ginnastica Andrea Doria, fundada en 1895, para dar lugar a la Unione Calcio Sampdoria. Este equipo se convirtió en el rival del Genoa Cricket and Football Club, fundado ya en 1893 por unos empresarios británicos.
En las ciudades más pequeñas solo queda un club de fútbol. Es el caso de Latina, en la provincia de Lacio: fundada por iniciativa de Mussolini en 1932 con el nombre de «Littoria», la ciudad pasó a llamarse «Latina» en 1946, un año después de que se creara la Unione Sportiva Latina Calcio, el club de fútbol de la ciudad. La rivalidad deportiva se forjó entonces frente al club de la ciudad vecina, a 40 km de distancia, el Frosinone Calcio.
En Italia, fue a partir de los años 50 cuando empezaron a formarse de verdad las primeras peñas de aficionados, cuyo número aumentaría considerablemente en los años 60. Algunas peñas destacaban por su apoyo más exuberante y activo, y sus jóvenes miembros se equipaban con tapas de cacerolas, bocinas, banderas, megáfonos o tambores grandes para coordinar los cánticos y los tifos desde la grada.
En la sede de los Ultras Latina 1972, las fotos amarillentas ayudan a nuestros anfitriones a recordar su historia. A medida que avanza la charla, nos hablan de una caja de bocinas, creada en 1972 con materiales reciclados, que van a prestar al museo para la exposición «Nous sommes Foot ».
Una auténtica generación
En el país, los importantes cambios socioeconómicos de los años 60 se notan en todos los ámbitos. La juventud está en el centro de estos cambios y, por primera vez, se convierte en una auténtica generación, unida por una misma cultura a través de la música, la ropa y el ocio, mientras surge la sociedad de consumo. Iniciados en el ritual del partido de fútbol por sus padres, los jóvenes aficionados no tardan en liberarse de esa tutela al llegar a la adolescencia y enseguida se juntan con otros de su edad para animar a sus favoritos. En una sociedad conservadora como era la Italia de aquella época, el hecho de ir al estadio con otros jóvenes de su misma edad era visto con buenos ojos por los padres, que consideraban el fútbol un modelo de ocio familiar, lejos de la intensidad rebelde de las subculturas urbanas que proliferaban en Gran Bretaña por aquella época, como los Teddy Boys, los Mods o los Rockers. Sin embargo, la juventud italiana está transformando la forma de vivir el partido de fútbol, no solo participando activamente en el apoyo a su equipo favorito, sino organizándolo de forma autónoma.
El grupo de ultras Tito Cucchiaroni (UTC) de Génova es uno de los grupos de ultras más antiguos de Italia que siguen en activo hoy en día. Sus orígenes se remontan a la temporada 1969-1970, cuando un grupo de amigos del barrio genovés de Sestri Ponente fundó el grupo de ultras para animar al equipo de la Sampdoria de Génova. Más tarde, el grupo adoptó el nombre del extremo izquierdo Ernesto Cucchiaroni, conocido como «Tito», que jugó en la Sampdoria de 1959 a 1963, tras unirse a un grupo de aficionados del barrio de Sampierdarena que estaba en decadencia, el Sampdoria Club Tito Cucchiaroni.

Como destaca Franck Berteau en su «diccionario de aficionados», los UTC «incluso reivindican la autoría del término «ultra», que, según ellos, surgió de una pintada de los años 60, que todavía se puede ver en la Piazza della Vittoria, en el centro de Génova: «Unitti Legneremo Tutti i Rossoblù A Sangue», una frase cuyas iniciales forman la palabra «ultras» y que significa: «juntos, daremos una paliza a todos los Rossoblù (rojo y azul, apodo de sus rivales del Genoa CFC) hasta hacerles sangrar».

Durante nuestras investigaciones sobre el terreno en Génova, conocimos a Claudio Bosotin y Walter Patrone, quienes fundaron a finales de los años 60 uno de los primeros grupos ultras de Italia, dando así, sin saberlo realmente, el impulso a todo un movimiento cultural. Rodeados de fotos, Claudio y Walter nos cuentan cómo fue su adolescencia y cómo surgió este fenómeno. Durante esta entrevista, Claudio Bosotin donó al museo una escarapela con los colores de la Sampdoria, hecha por su madre para la temporada 1972/1973, que él había colocado en la bandera más grande que se agitaba a mano en aquel momento, de 11 metros de alto por 7,40 metros de largo, que se desplegó a partir de mayo de 1973 durante el partido Sampdoria-Nápoles.
Los «años de plomo»
Al mismo tiempo que surgía ese fenómeno social que es el movimiento de los ultras, ya en los años 60, Italia entró en un periodo de intenso conflicto político, conocido como los «años de plomo», en el que la juventud italiana se radicalizó contra un Estado italiano que consideraba demasiado conservador. Los ideales emancipadores de los estudiantes favorecen un cuestionamiento del autoritarismo universitario, que amplían al criticar el capitalismo, el Estado, la patria, la religión y la familia. El espíritu subversivo que se desató en las universidades, auténticos focos de la contestación, se extendió rápidamente al espacio público y los activistas ocuparon las calles y las plazas. La situación se caracterizó, en el plano social, por una agitación creciente y, en el plano político, por una profunda crisis. El país también se ve sacudido por una ola de terrorismo: es la «estrategia de la tensión», que empieza en diciembre de 1969 con la explosión de una bomba en Milán, en la Piazza Fontana, que se cobró dieciséis vidas.
El contexto político y social de aquellos años influye en nuestros jóvenes aficionados. Estos ya no quieren formar parte de las peñas tradicionales, sino que aspiran a crear sus propias estructuras. Los pioneros ultras adoptan rasgos inspirados en los grupúsculos extraparlamentarios que animan la península: el sentido de la cohesión y la camaradería, la conflictividad, el desafío a la autoridad establecida. Se distinguen por un comportamiento provocador y violento contra sus adversarios políticos o contra todo aquello que pueda representar al Estado y sus símbolos. Desde las plazas públicas, el movimiento se extiende hacia las gradas, que se convierten en un nuevo escenario de expresión.
Desde principios de la década de los 70, los nombres y símbolos que provienen de ese ámbito de la política extremista se multiplican en las gradas, aunque se trate más bien de una fuente de inspiración y de una apropiación que de la expresión directa de una cultura política: los términos «Brigadas» y «Comandos», por ejemplo, son retomados de forma casi sistemática por los grupos ultras que se fueron formando por todo el país durante los años 70.



Además del término «comandos», que tiene un éxito evidente, el vocabulario militar y político es muy habitual, tanto en los grupos que se definen de extrema izquierda como en los de extrema derecha. En Latina, por ejemplo, el grupo de los Falange se inspira no solo en el nombre, sino también en el emblema de la organización paramilitar española de inspiración fascista.

Camiseta que me regalaron unos seguidores de la Falange, en Latina 
Cena de filetes organizada por los seguidores de la Falange, en Latina
Hoy, entre el apoliticismo y la toma de posición pública
Hoy en día, los ultras suelen decir que no se meten en política, aunque a veces se pronuncian públicamente, sobre todo contra la represión policial o la «tessera del tifoso», la «tarjeta de aficionado» que impusieron las autoridades italianas en 2009 para identificar mejor a los aficionados y reforzar las medidas de seguridad y el control de acceso al estadio.
Los Ultras Tito Cucchiaroni lo hicieron hace poco, en 2013, con una acción simbólica. En una camiseta, que el grupo hizo para sus miembros, se veía a un grafitero terminando de escribir la palabra «ultras» en una pared, algo muy habitual entre estos aficionados que quieren dejar su huella en el espacio urbano. Junto a él hay un cartel con la inscripción «Liberta’ per gli Ultras» (Libertad para los Ultras), un eslogan típico del movimiento ultras, que sufre una fuerte represión. Las autoridades locales consideraron que este eslogan era violento, lo que llevó a la UTC a sacar una segunda camiseta, casi idéntica a la primera, con un sello que dice «censored» sobre el eslogan problemático y en cuya espalda figura el artículo 21 de la Constitución italiana, que recuerda la libertad de expresión: «tutti hanno diritto di manifestare liberamente il proprio pensiero con la parola, lo scritto e ogni altro mezzo di diffusione» (toda persona tiene derecho a expresar libremente sus ideas mediante la palabra, la escritura y cualquier otro medio de difusión).

Camisetas fabricadas por la UTC 
Camisetas fabricadas por la UTC
¿Sigue siendo el fútbol en los Balcanes un escenario de tensiones etnonacionalistas?
Por Florent Molle
El fútbol «condensa y dramatiza los valores fundamentales de las sociedades modernas e industriales», como nos recuerda Christian Bromberger¹. En los territorios de la antigua República Socialista de Yugoslavia, varios partidos de fútbol nos lo demuestran.
13 de mayo de 1990, Dinamo de Zagreb contra Estrella Roja de Belgrado
Es el caso del partido que enfrentó al equipo croata del Dinamo de Zagreb contra el equipo serbio del Estrella Roja de Belgrado, el 13 de mayo de 1990 en el estadio Maksimir de Zagreb, y que todos recordamos.

En el Parlamento croata, Franjo Tudjman acaba de ser elegido presidente de la República de Croacia, en las primeras elecciones multipartidistas de la historia del país. Su proyecto tiene como objetivo crear un Estado-nación croata independiente dentro de unas fronteras «naturales e históricas» que incluyen, entre otras cosas, una parte de Bosnia y Herzegovina. Por parte de los serbios, Slobodan Milošević, presidente del país desde mayo de 1989, se opone a cualquier desintegración de Yugoslavia y quiere mantener las fronteras del Estado dentro de las cuales todos los serbios puedan seguir viviendo «bajo el mismo techo político».
Aunque al principio el apoyo de los aficionados a estos proyectos nacionalistas no era algo evidente, poco a poco y en un plazo bastante corto, se fue consolidando²: los Bad Blue Boys (BBB), el grupo ultra más grande del Dinamo de Zagreb, creado en 1986, apoyaron a Tudjman, mientras que los Delije (valientes o heroicos en serbio), aficionados del Estrella Roja, se alinearon con Milošević. Zeljko Raznatović, un delincuente común, fue reclutado por los servicios secretos para dirigir el grupo ultra del Estrella Roja, los Delije. Con el apodo de Arkan, durante la guerra en la antigua Yugoslavia se puso al frente de una milicia serbia conocida como los Tigres de Arkan y reclutó a gente de entre los aficionados que él mismo dirigía.
Ese 13 de mayo de 1990, el estadio Maksimir se convirtió en el trágico escenario de ese enfrentamiento político, que se materializó en la terrible pelea que estalló entre los Bad Blue Boys croatas y los Delije serbios, lo que marcó simbólicamente el inicio de la guerra de Croacia³.
¹ Texto publicado en inglés con el título «Through the looking glass of football» en el libro editado por Marion Demossier *The European puzzle. The Political Structuring of Cultural Identities at a Time of Transition*, pp. 119-140. Nueva York y Oxford, Berghahn Books, 2007, 236 pp.
² Para más detalles, véase: Djordjevic, Ivan, 2012, «The war did (not) begin at Maksimir: an anthropological analysis of the media narratives about a never ended football game», Glasnik Etnografskog instituta SANU 60 (2).
³ El 17 de agosto de 1990, trece municipios de Croacia controlados por los serbios y el Partido Democrático Serbio proclamaron su autonomía bajo el nombre de «Región Autónoma Serbia», bajo la dirección del Consejo Nacional Serbio.
10 de octubre de 2014, Serbia contra Albania
Aún hoy, el fútbol pone de manifiesto las tensiones nacionalistas que pueden existir en la región de los Balcanes. El 10 de octubre de 2014, el partido entre Serbia y Albania, que se disputó en el marco de la fase de clasificación para la Eurocopa 2016, se suspendió antes de que acabara la primera parte después de que la aparición de un dron interrumpiera el desarrollo del partido. El dron mostraba una bandera en la que aparecía el águila negra de dos cabezas, símbolo de Albania, sobre el mapa de la «Gran Albania», que agrupa en un mismo Estado todos los territorios donde viven albaneses, es decir, partes de Montenegro, Kosovo, Serbia, Grecia y Macedonia. En la bandera aparecía el rostro de Ismail Quemali, fundador del Estado albanés moderno, así como una reproducción de una fotografía de Isa Boletini, nacionalista albanés y líder de los representantes albaneses de Kosovo a principios del siglo XX.
Cuando el dron llegó a la altura de los jugadores, el defensa serbio Stefan Mitrović intentó quitarle la bandera. A continuación, los jugadores albaneses intentaron recuperarla, antes de que unos aficionados serbios irrumpieran en el campo y llegaran incluso a las manos con los jugadores albaneses, entre ellos el capitán Lorik Cana. El árbitro se vio entonces obligado a suspender el partido.
Como en un partido de fútbol se enfrentan equipos que representan a estados o fuerzas políticas a veces antagónicas, y como este deporte se ha convertido, desde los años 70, en un auténtico espectáculo mediático, el partido pone de relieve las tensiones políticas que atraviesan las sociedades que se enfrentan simbólicamente sobre el campo.
En Bosnia y Herzegovina, la historia de la organización del fútbol refleja las tensiones nacionalistas que han sacudido recientemente la región, tal y como nos muestra una investigación realizada en Mostar.
Mostar, del ideal yugoslavo a los acuerdos de Dayton
Antes de la guerra de 1992-1995, Mostar era la ciudad que simbolizaba el ideal titista: Bratstvo, Jedinstvo («Fraternidad, Unidad») entre los pueblos y las naciones de la Yugoslavia socialista. Según el último censo yugoslavo de 1991, Mostar tenía un tercio de bochniaques, un tercio de croatas y una quinta parte de serbios (además, había un porcentaje muy elevado de yugoslavos: un 15 % en 1981 y un 10 % en 1991) de un total de 126 600 personas, y sus habitantes se enorgullecían de tener la tasa más alta de matrimonios mixtos de toda la República. Sin embargo, fue precisamente en Mostar donde se vivió uno de los episodios más sangrientos de la guerra de Bosnia-Herzegovina.

Tras la muerte del mariscal Tito en 1980 y en un contexto de crisis económica, la escena política yugoslava se fue centrando cada vez más en las reivindicaciones comunitarias y nacionalistas, lo que acabó provocando la desintegración de la federación y la creación de nuevos Estados. En Bosnia y Herzegovina, en un referéndum celebrado en febrero de 1992 —y boicoteado por los serbios de Bosnia y Herzegovina—, el 63 % de los votantes se pronunció a favor de la independencia del país, que se declaró el 6 de abril de 1992, mientras que al día siguiente se declaró la independencia de la República Serbia de Bosnia y Herzegovina, lo que sumió al país en un auténtico conflicto.
En Mostar, durante la primera fase de la guerra, las fuerzas croatas y bochnianas se aliaron para enfrentarse al Ejército Popular Yugoslavo (Jugoslovenska Narodna Armija – JNA), bajo mando serbo-montenegrino (abril de 1992-mayo de 1993), que bombardeó la ciudad desde las colinas de los alrededores. Esta alianza se rompió después, cuando los líderes nacionalistas croatas de Bosnia y Herzegovina crearon una comunidad autónoma croata con Mostar como capital en agosto de 1993. A partir de ese momento, estalló un conflicto entre los antiguos aliados, lo que provocó la división de la ciudad en dos: los croatas al oeste y los bochniacos confinados al este de la ciudad. Una de las primeras manifestaciones de violencia entre ambos bandos tuvo lugar en el estadio de Bijeli Brijeg, cuando el ejército croata encerró a civiles y militares bochniacos en el estadio. Algunas personas fueron ejecutadas, otras llevadas a los campos de Dretelj y Heliodrom. Desde entonces, la ciudad está dividida en dos partes: el oeste, donde vive sobre todo la población croata, y el este, donde vive la población bochniaca. La línea divisoria está en el Bulevar Narodne revolucije (Bulevar de la Revolución Popular), a unos metros del río Neretva. La destrucción del Stari most (Puente Viejo), de la época otomana, a manos de milicianos croatas el 9 de noviembre de 1993 sigue siendo el símbolo de esta división.
La firma de los acuerdos de paz de Dayton en noviembre de 1995 puso fin a la guerra entre los bochniaques, los croatas y los serbios, dividiendo la República de Bosnia y Herzegovina en dos entidades políticas autónomas: la República Serbia de Bosnia y la Federación de Bosnia y Herzegovina.
La nueva Constitución de Bosnia y Herzegovina reconoce tres pueblos «constituyentes»: los bosnios (Bošnjaci), los croatas (Hrvati) y los serbios (Srbi), además de tres lenguas: el bosnio (bosanski jezik), el croata (hrvatski jezik) y el serbio (srpski jezik). Hay que aclarar que se trata de una misma lengua que hoy tiene tres nombres diferentes y que, antes de la guerra, se llamaba serbocroata. Los bochniaques, a los que en la época de Yugoslavia se les llamaba «musulmanes» (Muslimani), serían los bosnios de tradición religiosa musulmana, mientras que los croatas serían de tradición religiosa católica y los serbios, de tradición religiosa ortodoxa¹.
Esas divisiones políticas en Bosnia y Herzegovina, consolidadas por los acuerdos de paz de Dayton, se han reflejado en la organización del fútbol profesional. En los primeros años tras la guerra, había tres ligas nacionales distintas y no fue hasta el año 2000 cuando los clubes de la Federación Croata-Bosnia se unieron en una sola liga. A ellos se unieron los clubes de la República Serbia en 2002, fecha que marca la creación de un Campeonato y una Liga para todo el país.
Estos cambios tuvieron repercusiones en la ciudad de Mostar, cuyos dos clubes, el Zrinjski y el Velež, se enfrentaron por primera vez desde la guerra en el año 2000, en Sarajevo, con motivo de la unificación de las ligas croata y bosnia.
¹ Stéphanie Rolland, «Indígenas extranjeros: los desplazados en Mostar tras la guerra de Bosnia y Herzegovina», Balkanologie [En línea], vol. VIII, n.º 1 | junio de 2004
La encuesta y recogida de datos en Mostar
Investigadora: L. Zeljković
Fecha: septiembre de 2014
El club de fútbol de Velež
El Fudbalski klub Velež (Club de fútbol Velež) se fundó en 1922 con el nombre de RSD Velež (Radnicko sportsko društvo, asociación deportiva obrera). El club tomó el nombre de una de las montañas que dominan la ciudad de Mostar, integrándose así plenamente en su entorno geográfico. Durante la Segunda Guerra Mundial, decenas de socios de este club murieron luchando junto a los partisanos. Con la Segunda Yugoslavia (1945-1992), el Velež se integró plenamente en el proyecto revolucionario yugoslavo, fue uno de los mejores clubes del país y vivió sus mayores éxitos en los años 70 y 80. Se le conocía sobre todo como uno de los símbolos de la ciudad de Mostar y de la unidad de sus ciudadanos, pero era querido y apoyado más allá de la ciudad, en toda Herzegovina.
El escudo original del Velež es una estrella roja, símbolo del comunismo, con un borde amarillo, en la que aparecen un balón de fútbol y la inscripción «RSD Velež Mostar 1922». Por encima de este emblema aparece la silueta del puente de Mostar. De 1995 a 2005, la estrella roja se sustituyó por el puente que se alzaba sobre un balón de fútbol, pero a petición de los aficionados del Red Army, cuyo grupo se fundó en 1981, la estrella volvió al escudo en 2005. Desde la guerra, algunos han considerado al club como un equipo de Bochnia, y uno de los objetivos de la restauración del antiguo escudo era dejar claro que el Velež yugoslavo sigue vivo en el Velež de hoy y que forma parte de su legado. A los seguidores del Velež también se les llama «Rodjeni» (nativos), pero este nombre también se usa para referirse a los jugadores del club o al propio club.
En los años 70, el Velež empezó a jugar en el estadio municipal de Bijeli Brijeg, que acababan de construir los vecinos y vecinas de Mostar en el marco de las acciones de trabajo colectivo (Radne akcije). Este estadio es hoy el segundo más grande de Bosnia y Herzegovina, después del de Sarajevo, con un aforo de 25 000 espectadores, de los cuales 9 000 son asientos. El club dejó de existir en 1992 después de que el ejército croata lo expulsara de su estadio durante las acciones de limpieza étnica en la parte oeste de la ciudad. El ejército croata utilizó el estadio para retener allí a la población bochnia detenida al inicio del asedio, en mayo de 1993. El club se refundó en 1994 en un contexto en el que «su» país, Yugoslavia, ya no existía, en una Bosnia-Herzegovina donde las divisiones étnico-nacionales se impusieron sobre su lema (yugoslavo) de fraternidad y unidad, lo que convertiría al club en blanco de las políticas nacionalistas¹. Hoy en día, el Velež entrena en el estadio de Vrapčići, un municipio al norte de Mostar.
¹ Para más detalles, véase Richard Mills (2010): «Velež Mostar Football Club and the Demise of ‘Brotherhood and Unity’ in Yugoslavia, 1922–2009», Europe-Asia Studies, 62:7, 1107-1133

El recuerdo de las fotos antiguas de Alma © Ljiljana Zeljkovic, Mucem 
Las viejas banderitas de Enes Vukotic © Ljiljana Zeljkovic, Mucem 
La estrella roja, símbolo del club Velež de Mostar © Ljiljana Zeljkovic, Mucem

El club de fútbol Zrinjski
Poco después de que echaran al club Velež, el estadio Bijeli Brijeg acogió al Hrvatski Sportski Klub Zrinjski (Club Deportivo Croata Zrinjski) y pasó a llamarse como este club. La directiva del club, formada solo por miembros de nacionalidad croata, firmó un contrato con el ayuntamiento de la ciudad, que estaba en manos de un partido croata, por un periodo de arrendamiento de 110 años. Zrinjski es el apellido de una de las familias nobles más importantes, que desempeñó un papel clave durante el periodo de las batallas croatas contra los ejércitos otomanos y contra los Habsburgo. Según la historia oficial del HSK Zrinjski (que, por cierto, es objeto de controversia), el club se fundó en 1905, bajo la ocupación austrohúngara, y siguió existiendo hasta 1945 a pesar de varias interrupciones. Dado que durante la Segunda Guerra Mundial el club jugó en el Estado Independiente de Croacia (Nezavisna Država Hrvatska), aliado de Italia y Alemania, y que sus directivos y jugadores eran abiertamente pro-ustasha, las autoridades socialistas lo prohibieron tras la Segunda Guerra Mundial. En 1992, el club se refundó en Medjugorje, un pequeño municipio croata cerca de Mostar.

El escudo del Zrinjski está formado por un círculo azul en cuyo interior hay una corona de laurel blanca, el damero croata rojo y blanco y la inscripción «Zrinjski 1905 Mostar». Detrás de la inscripción de la fecha hay un intento de crear una continuidad histórica y ganar en legitimidad y representatividad al presentarse como el club más antiguo de la ciudad. Esta fecha la cuestionan quienes consideran que el club nació en 1992 en medio de la violencia y la guerra, como resultado de un proyecto nacionalista croata excluyente y homogeneizador. La peña de aficionados del Zrinjski, Ultras, se fundó en 1994 y suele aparecer en los titulares de los diarios bosnios, que la relacionan con la extrema derecha croata. Los aficionados del Zrinjski, que han adoptado el águila como emblema, llaman a sus jugadores «Plemići» (los nobles). Todos estos elementos dan cuenta de la importancia que los aficionados y los directivos del HSK Zrinjski le dan a su identidad croata¹.
¹Para más detalles, véase Stéphanie Rolland, 2013, «De la violencia bélica al enfrentamiento simbólico: agonismo deportivo y comunicación interétnica en los Balcanes», International journal of violence and schools, septiembre de 2013, 118-139. En su análisis, señala que el HŠK Zrinjski y sus aficionados defienden «una identidad etnonacional, con un referente histórico en el nombre de un héroe nacional, una revancha simbólica sobre el pasado comunista para el HŠK Zrinjski, una orientación de derechas y el color negro para los aficionados Ultras, que reivindican un territorio étnicamente homogéneo (la Herzeg-Bosnia croata)».
La encuesta y la recopilación de datos
Durante una investigación de seis días en septiembre de 2014, me reuní con varios miembros de los Ultras del Zrinjski en tres entrevistas: las seis personas con las que hablé formaban parte de las «figuras emblemáticas» de los Ultras, pero ninguna quería asumir el papel de líder, un papel que no encajaría con su grupo ni con los principios del movimiento «ultras». Tres personas tenían un título universitario público (informático, ingeniero, licenciado en economía y relaciones públicas) y trabajaban en empresas públicas y privadas; dos tenían el bachillerato y una estaba en el instituto. Gracias a una recomendación de confianza, y al hecho de que la investigación la encargara un museo (y no los medios de comunicación, a los que nunca darían una entrevista), me concedieron una entrevista en la que dijeron ser conscientes de su mala reputación y lamentar los prejuicios hacia los aficionados en general y hacia los ultras en particular.
En dos ocasiones también pude conocer a unos aficionados ultras muy activos del Velež, los miembros de Red Army, donde mi presencia coincidió con la de dos equipos de periodistas, uno de ellos francés; después pude charlar con antiguos empleados del club, uno de los cuales era coleccionista de objetos relacionados con la historia del club y autor de una monografía sobre el mismo. También me concedieron una entrevista un antiguo miembro de Red Army y otras dos los aficionados del Velež que no formaban parte del grupo, pero cuyas vidas estaban íntimamente ligadas a la historia del club. Todos lamentaban la mala clasificación del Velež, que se notaba claramente en la menor presencia de aficionados en las gradas, pero afirmaban que seguían manteniendo intactos su entusiasmo y su amor por el club, al que «nunca darían la espalda». Todos insistían en el vínculo indisoluble entre el Velež y la ciudad de Mostar, y elevaban al Velež a la categoría de símbolo de la ciudad, al mismo nivel que el «Puente Viejo».
«¿Es casi un partido como cualquier otro?»
Durante el derbi del 27 de septiembre de 2014, al que asistí, y en la concentración de aficionados que lo precedió, había un gran despliegue policial en los alrededores del estadio e incluso en otras zonas del centro de la ciudad, pero tanto los aficionados como los vecinos destacaban que «hoy en día la cosa está mucho mejor», que la situación «se ha calmado» y que «ya no tiene nada que ver con el ambiente de guerra que había en los primeros años del derbi». Aun así, muchos vecinos temían que se produjera un incidente grave, ya que se iban a celebrar elecciones y cualquier percance que pudiera interpretarse en términos «étnicos» (lo fuera o no) beneficiaría a los partidos nacionalistas de ambos bandos. Aparte de unos cuantos asientos arrancados, que la dirección del estadio cedió al Mucem, y una gran cantidad de bengalas en la grada, el derbi transcurrió sin grandes incidentes. Muchos aficionados de ambos clubes hicieron comentarios tras el partido que se resumían en esto: «La gente espera que haya sangre en este partido, y cuando ven que es casi un partido como cualquier otro, se llevan una decepción y no vienen». Sin embargo, aunque no haya «sangre» durante el partido, las tensiones que se viven en la ciudad y los daños materiales que causan los aficionados fuera del estadio, que se repiten cada año, son precisamente las razones por las que muchos se niegan a venir al derbi, ya que lo consideran demasiado vinculado a los conflictos políticos y sigue simbolizando la división política de la ciudad.

El ambiente del derbi © Ljiljana Zeljkovic, Mucem 
El ambiente del derbi © Ljiljana Zeljkovic, Mucem 
Nostalgia tras el derbi © Ljiljana Zeljkovic, Mucem
Todos los miembros de Ultras Zrinjski coincidieron en que, para ellos, cada partido tenía la misma importancia y que tenían que dar el 100 % en cada uno, «pero sabemos que solo nos prestan atención por el derbi»; «ven con nosotros a Ljubuški dentro de dos días, ya verás, seremos el mismo número, con las mismas banderas y los mismos bengalas». Aunque los aficionados de ambos clubes intentaran restar importancia al derbi, para destacar su «amor por el club» y no darle demasiada relevancia al equipo rival, los aficionados al fútbol y la gente de a pie no ven este derbi como un «simple partido» en el que no participan por la violencia y la instrumentalización política que conlleva.
Pero las tensiones étnico-nacionales que destacan los medios de comunicación pasan por alto otros problemas estructurales que sufren los aficionados de ambos bandos. A medida que avanzaban las conversaciones, los temas que se trataban tenían poco que ver con cuestiones étnicas, y los aficionados de a pie expresaban su amor por el fútbol o por su club de una forma que no tenía nada que ver con la etnia, o bien se quejaban de la situación económica del país, de la falta de inversión estratégica y a largo plazo en el fútbol, de las manipulaciones políticas, de las salidas prematuras y masivas de jóvenes talentos o de los jóvenes en general, de la falta de estructuras de formación, de la corrupción, etc. Los aficionados más activos, miembros de Red Army o de los Ultras, hablaban sobre todo de sus «derechos pisoteados», de su mala relación con la policía, de que a veces se les prohibía la entrada al estadio porque «ese maldito Estado» no tiene medios para «garantizarnos la seguridad», dicen, y que impedirles asistir al partido era el peor suplicio para ellos.
Una investigación de seis días, cuyo objetivo principal era conseguir objetos interesantes y hacer el mayor número posible de entrevistas, no te permite constatar de verdad los vínculos entre el aficionantismo y las luchas políticas, pero, sea como sea, eso no es lo que los ultras con los que hablé querían que se viera de ellos. Por eso, unos aficionados del Zrinjski, junto con uno de sus antiguos miembros, me propusieron ir al estadio al día siguiente del derbi para ver los partidos de la Hei liga, una liga para juveniles de toda la región. Una joven que se encarga de esta liga me contó que todos los domingos, los niños del Velež y del Zrinjski, así como los de todas las ciudades de Herzegovina, se reúnen para jugar juntos mientras sus padres charlan y los observan: «Aquí pasan cosas bonitas, pero a nadie le interesa… Los periodistas vienen a grabar este estadio y solo se interesan por nuestros clubes si hay una pelea o «tensiones étnicas», como ellos dicen».
Sin embargo, aunque los aficionados quieran mostrarse independientes de la política, es innegable, al leer los estudios sobre ambos clubes, que la política se ha metido tanto en el Zrinjski como en el Velež, y que los buenos resultados del Zrinjski no son ajenos al apoyo del principal partido nacionalista croata, del mismo modo que las dificultades del Velež están relacionadas con la falta de apoyo político: un club que se presenta, a petición de los aficionados, como un club «de trabajadores, de izquierdas (…) no sirve a la causa de ninguna política oficial de este país»¹. Si el fútbol ofrece «por su trama profunda, por lo que está en juego, por los comportamientos que suscita, un observatorio singularmente rico para la investigación antropológica »², el derbi de Mostar, las complejas historias de ambos clubes, la imposibilidad de que el Velež vuelva al estadio de Bijeli Brijeg, y su lucha por sobrevivir año tras año, son testimonio del empeño de las políticas dominantes en Bosnia y Herzegovina, ya desde hace tres décadas, por borrar cualquier opción lingüística, cultural, deportiva o política que no encaje en los moldes etnonacionales.
¹ http://www.tacno.net/novosti/prokletstvo-petokrake-zasto-je-velez-morao-skociti-dole/
² Christian Bromberger, 1998, «El fútbol, la tontería más seria del mundo», París, Fayard
Descubre más artículos destacados
Sumérgete en la inmensidad de las colecciones del Mucem y sigue los sorprendentes temas creados por nuestros conservadores. ¡Descubrimientos y cambio de aires garantizados!
DescubrirEl tag y el graffiti, un «arte ilegal» en el museo
Entre 2001 y 2006, Claire Calogirou, investigadora asociada, llevó a cabo varias investigaciones y recopilaciones sobre el hip-hop, la danza, el «tag» y el graffiti. En cuanto al grafiti, se han incorporado 958 objetos al inventario del Mucem, lo que supone una impresionante colección de paneles con grafitis, carteles, pegatinas, rotuladores, botes de spray, revistas, bocetos, fotografías, vídeos, etc. Esta investigación tan completa te invita a reflexionar sobre las relaciones sociales en el entorno urbano, la cuestión de la apropiación del espacio público y su conquista a través de prácticas que se reivindican como propias de la calle.
Descubrir¡Famoso!
Objetos de culto y el star system en las colecciones del Mucem
Un vestido, una consola, una hebilla de cinturón, una camiseta de fútbol, un par de zapatos, un bañador, una radio: esta es una lista de objetos cotidianos que reflejan su época. Esta lista no tendrá el mismo impacto si le añades los nombres de las personas a las que pertenecieron: el vestido de Edith Piaf, la mesa de mezclas de Pink Floyd, la hebilla del cinturón de San Vicente Palotti, la camiseta de fútbol de Cristiano Ronaldo, los zapatos de Mistinguett, el bañador de Miss Francia, el «cataposte» de Psykose. De ser objetos insignificantes, estos se cargan de poder, brillan con el resplandor de la fama. Se vuelven deseables y «mágicos». Pero estas reliquias tienen un precio que, a su vez, dista mucho de ser insignificante…
Descubrir«Vivir en tiempos de confinamiento», la colección
En abril de 2020, el Mucem puso en marcha una gran campaña de recogida participativa sobre nuestras vidas durante el confinamiento. Muchos de vosotros participasteis en ella.
El Mucem ha recibido más de 600 propuestas, que todavía se están analizando y de las que algunas pasarán a formar parte de sus colecciones una vez finalizado el proceso de estudio. Hay un folleto digital que recoge todas las propuestas que se han recopilado gracias a esta convocatoria, y aquí te dejamos algunos ejemplos:
Descubrir¡Cuidado con los brujos!
La magia y la brujería: algunos las vemos como supersticiones ridículas, otros creen en ellas y muchos dudan. Pero creer en ellas tiene mala fama entre la gente de mente abierta: las creencias estaban bien para nuestros antepasados y sobre todo en el campo, o siguen estando bien en los países en vías de desarrollo; en cualquier caso, no aquí, no hoy y desde luego no en la ciudad. Sin embargo, si observas cómo se comportan nuestros contemporáneos, verás que los avances de la ciencia no han supuesto el fin de los misterios y las creencias, ni en la Francia postindustrial ni en ningún otro sitio. A menudo impotentes ante la desgracia, el sufrimiento y la angustia, las personas no se conforman con las respuestas que ofrece la ciencia. Esta deja un espacio aparentemente insuperable para otros principios y otros sistemas de interpretación del mundo.
Descubrir¡Un abecedario muy peculiar!
¿Qué hacen estos objetos en el Mucem?
Como su nombre indica, el Mucem es un museo de civilizaciones. Es decir, se centra en todo lo que han producido y utilizado las sociedades europeas y mediterráneas, desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días. Para él, una escultura funeraria del Antiguo Egipto nos habla tanto de las prácticas rituales en torno a la muerte durante el reinado de los faraones como una corona de flores hecha con cuentas de cristal nos cuenta el apego a los difuntos en la Francia de la primera mitad del siglo XX.
Cada objeto, por muy modesto o kitsch que sea, es un reflejo de la sociedad de la que procede. Por eso, el museo, desde su creación, se ha marcado como misión buscar y conservar una gran variedad de testimonios, tanto reales como imaginarios, para mantener vivo su recuerdo. En concreto, ha trabajado de forma sistemática organizando cada año campañas de recopilación. En torno a un tema concreto, en un espacio geográfico delimitado, los investigadores del Mucem recogen testimonios, imágenes y objetos. Así es como los artefactos que ves a continuación han llegado a las colecciones nacionales.
DescubrirDe las playas de California al Mucem: la cultura del skate en el museo
José de Matos, Tony Hawk, Mark Gonzales… Estos nombres, que te suenan a todos los que alguna vez habéis patinado, son los de skaters históricos que están presentes de diversas formas en las colecciones del Mucem. Algunos de ellos han donado monopatines, material o recuerdos a los museos, mientras que a otros se les rinde homenaje a través de monopatines que llevan su nombre.
DescubrirDibújame un león
El arte animalista de Gustave Soury
Gustave Soury (1844—1966) fue un dibujante, pintor, cartelista y publicista que se especializó en el arte de representar animales para circos y ferias.
Su obra, gigantesca y minuciosa, en la que destacan las figuras de los grandes felinos, refleja su pasión, pero también la fascinación de nuestra sociedad urbana por los animales exóticos, su aterradora ferocidad y su conmovedora intimidad.
DescubrirCafé
El café (qahwa en árabe, término que también se usa para referirse al vino) nos llegó a través del mundo árabe y otomano. Desde las mesetas de Abisinia, donde se sabe que ya se cultivaba el cafeto en el siglo XII, el café cruzó el Mar Rojo para cultivarse primero en la costa de la «Arabia feliz» (el actual Yemen) y, a partir del siglo XVII, en los climas tropicales de los territorios de los grandes imperios coloniales. Conocido como la «bebida del diablo» por el color negro de sus posos, en los que se cree que se puede leer el futuro, el café ha sido a veces desacreditado por los médicos por sus efectos nocivos para la salud (se consideraba una bebida antifiológica y adictiva).
Hoy en día, el café es la segunda bebida más consumida del mundo después del agua, aunque sigue compitiendo con el té.
Las ricas colecciones del Mucem relacionadas con el café muestran las diferentes formas de preparar y tomar esta bebida desde el siglo XVIII, tanto en casa como en los espacios públicos. También nos recuerdan los lugares de encuentro social en los que se han convertido los cafés.